4 de octubre de 2011

NOTA SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LAS MASAS


Alguna gente es joven y nada más
alguna gente es vieja y nada más.
Y alguna gente está en el medio
sólo en el medio.
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes*
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.*
Lo que queda es lo que
ves
es duro.-

CHARLES BUKOWSKI



ELOGIO AL INFIERNO DE UNA DAMA


Algunos perros que duermen a la noche
deben soñar con huesos
y yo recuerdo tus huesos
en la carne
o mejor
en ese vestido verde oscuro
y esos zapatos de taco alto
negros y brillantes,
siempre puteabas cuando
estabas borracha,
tu pelo se resbalaba de tu oreja
querías explotar
de lo que te atrapaba:
recuerdos podridos de un
pasado
podrido, y
al final
escapaste
muriendo,
dejándome con el
presente
podrido.
hace 28 años
que estás muerta
y sin embargo te recuerdo
mejor que a cualquiera
de las otras
fuiste la única
que comprendió
la futilidad del
arreglo con la vida.
las demás sólo estaban
incómodas con
segmentos triviales,
criticaban
absurdamente el viejo indecente
lo pequeñito:
Jane, te
asesinaron por saber
demasiado.
vaya un trago
por tus huesos
con los que
este viejo perro
sueña todavía.

CHARLES BUKOWSKI

COMO SER UN GRAN ESCRITOR

CARLES BUKOWSKI

DIBUJO  DE REP


tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.

El espejo de la melancolía

La condesa sangrienta.

¡Todo es espejo!
- Octavio Paz

...vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma... Tan confortable era que presentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse. Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzsébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o -sobre todo- los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos. Y a propósito de espejos: nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por lo contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en su ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles, son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima. También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.

Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía el mal del siglo XVI: la melancolía.

Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si , además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.

Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir -en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzsébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.


Referencia: La Condesa Sangrienta de Pizarnik
© Apocatastasis.com: Literatura y Contenidos Seleccionados

De Alejandra Pizarnik: La jaula mortal

La condesa sangrienta

...Des blessures écarlates et noires
éclatent dans les chairs superbes.
Rimbaud

Tapizada con cuchillos y adornada con filosas puntas de acero, su tamaño admite un cuerpo humano; se la risa mediante una polea. La ceremonia de la jaula se despliega así:

La sirvienta Dorkó arrastra por los cabellos a una joven desnuda; la encierra en la jaula; alza la jaula. Aparece la "dama de éstas ruinas", la sonámbula vestida de blanco. lenta y silenciosa se sienta en un escabel situado debajo de la jaula.

Rojo atizador en mano, Dorkó azuza a la prisionera quien, al retroceder --y eh aquí la gracia de la jaula--, se clava por si misma los filosos aceros mientras su sangre mana sobre la mujer pálida que la recibe impasible con los ojos puestos en ningún lado. Cuando se repone de su trance se aleja lentamente. Han habido dos metamorfosis: su vestido blanco , ahora es rojo y donde hubo una muchacha hay un cadáver.


Referencia: La Condesa Sangrienta de Pizarnik
© Apocatastasis.com: Literatura y Contenidos Seleccionados

21 de septiembre de 2011

Que todo el mundo sepa que en el Cauca nos están exterminando




http://www.youtube.com/watch?v=gqI-KeJ869Y

“Cuando llegué, se me vinieron las lágrimas al levantar los heridos. Pero no fue por cobardía, fue por la rabia que sentía en ese momento” dice un guardia recordando ese instante. La zozobra que vive la comunidad de El Credo no comenzó el pasado jueves 15 de septiembre de 2011. Inició mucho tiempo atrás cuando el gobierno anterior incrementó el pie de fuerza en todo el territorio nacional.

Antes, los habitantes de esta vereda sentían la guerra cercana pero nunca les había llegado a sus casas. Desde el año anterior, el dolor, la rabia y la impotencia empezaron a formar parte de su vida cotidiana. El 5 de julio de 2010 el ejército nacional comenzó a hacer presencia constante en esta comunidad. Los combates se intensificaron presentándose semanal y quincenalmente.

Los desplazamientos iniciaron. La gente salía de sus casas con los niños en sus brazos sin ropa y sin zapatos a los sitios de asamblea permanente. Ahí, toda la comunidad analizaba las verdaderas causas del conflicto y proponían acciones para defender el territorio.

Se realizaron entonces recorridos a los sitios donde se encontraban los grupos armados para exigirles su retiro. Esto se convirtió en la excusa para ser señalados por ambos bandos. “La guerrilla nos dice: están con ellos o están con nosotros. El ejército nos dice lo mismo. Ninguno entiende que no estamos con los que portan las armas porque nadie que cargue un arma está defendiendo la vida” dice un comunero de la zona.

A pesar del esfuerzo de la comunidad por defender su territorio, el horror de la guerra empañó una vez más sus sueños y su tranquilidad.

El jueves 15 de septiembre de 2011 los combates iniciaron a las 6 de la mañana cuando la gente apenas comenzaba el trabajo en sus parcelas. “Las balas salían de ambos lados, tocó devolverse a la casa a proteger a los niños” dice un habitante de la región.

El temor se apoderó de la gente porque las detonaciones cada vez más se sentían cerca de sus casas. Aun así, al anochecer, congregados en asamblea permanente decidieron ir a dormir con la esperanza de que las bombas se callaran al llegar el amanecer.

Sin embargo, el sonido de las metrallas reemplazó el canto de los gallos en la madrugada. Nuevamente, todo el día hubo combates. Guerrilla y ejército, atrincherados en medio de la población civil, lanzaban artefactos por encima de las casas.

Uno de estos artefactos impactó junto a la casa de un comunero dejando heridas a 6 personas, 3 de ellas menores de edad. La guardia indígena llegó al sitio para evacuar a los heridos. “Cuando llegué, se me vinieron las lágrimas al levantar los heridos. Pero no fue por cobardía, fue por la rabia que sentía en ese momento” dice un guardia recordando ese instante.

Los heridos fueron evacuados en moto, pero Maryi Vanesa Coicue, de 11 años, no alcanzó a llegar al puesto de salud más cercano. “Yo recogí la niña, estaba pálida, con sangre en su pecho. Suspiró y me apretó fuerte la mano, luego la soltó. Ahí me di cuenta que ya no podía hacer nada por ella. Después, todo quedó en silencio” afirmó un guardia indígena.

Tuvo que morir una niña para que las armas se callaran. Solo en ese momento ambos grupos armados se retiraron del territorio. La guardia indígena alcanzó a algunos miembros del ejército y les dijo que lo que había sucedido era culpa de ellos porque no tenían que combatir en medio de la población civil. Ellos respondieron que lo único que hacían era recibir órdenes y si no las obedecían podían ir presos.

Otros guardias alcanzaron unos guerrilleros para reclamarles por lo sucedido. Ellos dijeron que no habían sido quienes lanzaron la bomba. “La verdad es que no importa quién lanzó la bomba, son culpables todos los que vienen a nuestros territorios con sus armas a pelear en medio de nuestras casas” expresa con dolor un comunero.
Mientras el silencio se apaga en medio de los gritos de dolor de los familiares de Maryi Vanesa, la comunidad de El Credo prepara una marcha para exigirle a todos los grupos armados que se vayan, que no regresen, que los dejen vivir en su autonomía. “Reclutan pobres para que maten pobres. Nosotros sabemos que detrás de esto está el gobierno y las empresas multinacionales tratando de dejarnos sin territorio y sin vida. Por eso queremos que esta muerte no quede en el olvido, queremos que todo el mundo sepa que en el Cauca nos están exterminando. Queremos que se sepa la verdad” dice un guardia indígena antes de regresar con la madre de Maryi Vanesa para darle un poco de consuelo.

Fuente: Tejido de Comunicación ACIN

19 de septiembre de 2011

A DÉBORA ARANGO

DEBORA ARANGO, la pintora que "no sabía dibujar",
eso decían las viejas godas de Medellín,
las que relinchaban como yeguas,
cuando la gran pintora tenía algo por decir.

El pudor de la "legión de maría",
comandada por los curas y las monjas de la Medellín mojigata,
gritaban histéricas al mismo suspiro,
cuando Dèbora plasmaba a esa sociedad de "putas",
curas y viejas chismosas;
relinchando como animales,
en el corral que siempre ha sido Medellín.

Por: Silvia P.

SIGO MALDICIENDO

"A soto boche" sigo maldiciendo;
me voy gritando casi en silencio,
el odio que para don dinero guardo,
nos exige padecer dependiendo de un capital que nunca será nuestro.

Jamas volverìa a la Roma de la que salí;
esos "nuevos católicos" ahora;
también, se jactarían echándome a sus 9 leones.

Maldecir es mi oficio, en el tiempo de la incertidumbre;
busco dentro de mí razones,
pero jamás nadie escuchó mi grito.

He comenzado a querer varias cosas o animales,
entre los últimos, a mí misma.
Odio oficiar de ególatra;
eso es casi como la alienación que produce,
la droga que el psiquiatra envía a tu casa.
Más que eso,
me gusta el silencio,
la buena soledad y sigo maldiciendo casi en silencio,
se destruyen con mi silencio todos los gritos de una
sociedad que quiere ser suicida, homicida y pedofílica.



POR: SILVIA P.

27 de abril de 2011

Miwa Matreyek, CalArts Experimental Animation Program






QUIEN QUIERA VERLO QUE LO DISFRUTE, QUIEN LO PASE DE LARGO SE LO PERDERÁ POR CIEGO...

EL ARTE..

16 de abril de 2011

Yo recojo mi cadáver

HOMENAJE AL POETA DE MEDELLÍN, 80 AÑOS RODANDO EN POCAS CABEZAS, EN POCAS CALLES...¿CÓMO PUEDEN SEGUIR LOS ENFERMOS INVADIENDO MEDELLÍN? CON UN POETA ASÍ SE DEBIERON ALIVIAR,DESPERTAR O ESTALLAR. "¡NO MÁS NIHILISMO!¿PARA QUÉ ESTÁ VIVO?"

(Enero 18 de 1931 - Enero 18 de 2011)


Yo recojo mi cadáver
POR: Gonzalo Arango


Se llamaba Gonzalo como yo. Ese tipo no meditaba en nada, simplemente estaba de pie hacía dos horas, sin esperar nada, bajo un sol quemante, lo cual no impedía que llevara encima su viejo sobretodo raído, recuerdo de su vida militar.

Los automóviles lo rozaban al pasar, pero él los miraba con un mortal desprecio. Parecía más bien que no le concernían la velocidad de los automóviles y sus peligros.

Su mirada cargada de una misteriosa fuerza de penetración parecía detenerse en algo absoluto. Las mujeres decían que era una mirada bella y desolada.

Cuando la calle quedó desierta debido a la pausa del medio día, el tipo eligió su momento de morir. Esperó con paciencia un camión que se acercaba a velocidades insólitas, y a su paso se arrojó brutalmente bajo las ruedas.

El conductor no pudo evitarlo, aunque el cuerpo quedó tendido a lo largo estropeando la vía. Los escasos transeúntes se acercaron atraídos por el freno intempestivo y el olor acre del caucho quemado. Pusieron unos ojos aterrados, pero ninguno sintió asco ni piedad: ese era un cadáver diferente.

El chofer protestaba desde su cabina alegando su inocencia y se justificaba nerviosamente ante los transeúntes, cuya solidaridad invocaba apasionadamente en su favor ante la justicia.

—Fue un suicidio—dijeron algunos testigos confirmando la inocencia del conductor—. Estamos dispuestos a declararlo ante cualquier autoridad.

—Con esa cara de loco no podía sino matarse.

Todos estaban de acuerdo en esto, inclusive el policía que en ese momento anotaba las declaraciones imparciales de los peatones a favor del conductor.

Lo injusto era ese trámite legalista entre el policía, el hipotético ajusticiado y los testigos, y el completo olvido del muerto con moscas zumbando sobre sus ojos aterradoramente abiertos, con su pobre existencia arrollada, cuya vida parecía no haber tenido más sentido a la de justificar momentáneamente la inocencia del conductor. Era ya tan evidente ante las benignas declaraciones, tan exagerada su tranquilidad, que parecía estar satisfecho de la muerte del tipo, muerte que no le interesaba en absoluto, y cuyo carácter irremediable dejaba su conciencia inmaculada de culpa. Por otra parte, no valía la pena detenerse en estas consideraciones, pues ya lo tenía bien olvidado.

El alivio del conductor fue reforzado por el dictamen del policía que revisó sus papeles encontrándolos perfectamente en orden y dentro de la ley, sin ninguna infracción anterior, lo que dejaba en claro su indiscutible pericia profesional. Por lo cual el agente se sintió en la obligación moral de presentarle efusivas y cordiales felicitaciones a nombre de la incorruptible institución transitoria que representaba, símbolo de eficiencia y seguridad para los indefensos ciudadanos que transitaban a diario las miles de calles y avenidas de la ciudad. Estas oportunas felicitaciones constituían una prueba redundante en beneficio del conductor, a la vez que un severo reproche a la acción temeraria del suicida.



Cuando todo parecía indicar que las causas del accidente quedaban legalmente establecidas e inmodificables, el tipo que seguía allí olvidado y aplastado bajo las ruedas del inmenso camión, empezó a levantarse del pavimento, despegando su cuerpo con dificultad, recuperando los jirones del sobretodo adheridos al suelo lleno de polvo.

Ante la dificultad que esto le causaba, pues se debatía con el peso abrumador de las llantas, el conductor tuvo que movilizarse en su ayuda para reversar el inmenso camión y dejar libre uno de los jirones apresados bajo la rueda delantera. Finalmente el tipo quedo fuera de la opresión y pudo levantarse. Los transeúntes ante el nuevo rumbo de los acontecimientos se retiraron asombrados, sin comprender si se trataba de un sueño alucinante o de un milagro. El tipo los miro como si no hubiera pasado nada, y ellos pudieron comprobar al frotarse los ojos que el cuerpo completamente triturado no dejaba ni una huella de sangre.

Su asombro aumentó cuando comprobaron que había perdido su consistencia corporal, esa forma sólida de los músculos. Sólo le quedaba una figura abstracta compuesta de líneas ideales, totalmente contraria a los volúmenes anatómicos

En presencia de algo tan conmovedor, increíble y monstruoso, los transeúntes se alejaron y se detuvieron más allá del accidente. Solamente permanecieron los tres hombres más importantes en el asunto: el policía, el conductor y el muerto. Los demás temieron las posibles recriminaciones del suicida por haber condenado su conducta ante el agente de la ley, y por defender en forma casi voluptuosa la inocencia del conductor.

El policía y el chofer se miraban sin atreverse a juzgar la actitud del suicida, y este los miraba sin reproche, confirmando en esa mirada llena de ingenua dulzura que allí no había pasado nada, que todo era casi bueno y normal en la ciudad, y que el hecho extraño pero irrefutable de que él estuviera allí de pie frente a ellos, significaba que el futuro expediente era innecesario, pues no existían elementos de juicio para entablar ningún negocio penal en contra del chofer, ni siquiera en su propia contra, y a lo sumo sólo habría que lamentar el posible ascenso o la medalla que el agente se habría ganado por sus inalienables servicios a la seguridad publica, pero eso podría esperar otra ocasión.

Ciertamente él podría defenderse, pero en vista de que la tal tragedia no daba margen para una estricta acusación en su contra, todo podía darse por terminado y considerarse un inocente malentendido sin implicaciones trágicas para nadie.

Aunque estas sensatas consideraciones no fueron expresadas, el conductor visiblemente confundido por el silencio cómplice del policía se montó nuevamente en la cabina y encendió los motores, alejándose a una velocidad supersónica todavía mayor a la de antes del accidente, desapareciendo como un rayo en las perspectivas ilimites de la ciudad.

El agente por su parte creyó que estaba ante hecho de una atroz infracción a las leyes del transito que defendía tan fervorosamente a nombre de la entidad que había jurado defender y hacer respetar, se trepo sobre la motocicleta y partió en dirección del camión, iniciándose una persecución implacable que terminaría en algún sitio lejano de la ciudad, dándole captura al conductor, reconviniéndole por el exceso de velocidad y multándole severamente con la suma de dinero que estipula la ley a este respecto.

La fuga veloz de los aparatos cubrió con nubes de polvo el sobretodo polvoriento del tipo que seguía limpiándose con pulcritud los jirones destrozados que cubrían su incorpórea figura. Cuando ya se había quitado montones de polvo, el tipo caminó en la misma dirección en que venía el camión en el momento de arrollarlo. Sus pasos lentos y difíciles eran seguidos por las miradas incrédulas de los transeúntes apostados detrás de los árboles, en los ángulos de las esquinas y tras los alféizares de las ventanas. Las mismas miradas de extrañeza ponían los nuevos transeúntes que encontraba en su camino.

Al tipo le disgustaba ser objeto de tan inmensa curiosidad, y deseaba en los mas profundo de su ser evadirse de la admiración. En ese instante de desesperación impotente, si le hubiera sido posible volar, se habría elevado por encima de los tejados y los rascacielos para desaparecer en los confines del espacio, como un ángel nervioso, y no ser objeto risible de la mortificante curiosidad humana. Pero esto era imposible debido al peso exagerado de su sobretodo que gravitaba sobre el piso, impidiendo su deseo de elevación.

Lo único que le estaba permitido era apresurar el paso para alcanzar la próxima esquina y desaparecer. Pero su inconsolable amargura radicaba en que su ineludible figura lineal seguiría llamando la atención mientras permaneciera en las calles de la ciudad.

Entonces, mirándose asediado por todas partes como un bandido, intento entrarse al oscuro Bar Bemoca en donde otras veces buscaba refugio a sus evasiones. Pero cuando pisó el umbral, la hermosa mujer llamada Leonor a quien le había dedicado secretos sueños de amor, lo miró con tal asombro como si se dispusiera a preguntarle los motivos de su extraña desfiguración.

Para evitarse estas explicaciones inexplicables prefirió seguir en medio de la colectiva admiración, rodeado de un impenetrable enigma, mientras se hundía en los extensos pliegues de su abrigo.

En este momento de angustia pensó que sólo una mujer podía salvarlo y prestarle su maravillosa consistencia corpórea, lo cual haría menos llamativa su inconsistencia lineal. Y si él la encontrara, la curiosidad de la gente recaería sobre ella, a causa de su belleza y de su loco rostro amargo. Él quedaría anonadado y casi invisible, perdido y completamente salvado de la persecución de que era objeto.

Si la encontrara se irían juntos por las calles, hacia los parques solitarios, o los recodos de callejuelas, donde nadie notaría su monstruosa presencia, la humillación de ser diferente, de ser otro. Pero ella no aparecía por ninguna parte, tal vez no estaría en la ciudad, tal vez ya no existiría en el mundo, y con ella se perdía su ultima y salvadora posibilidad. Expuesto a sus pobres recursos se estaba resignando a su suerte, a su desgracia, y se hundía lastimosamente en su derelicción impotente.

Cuando todo parecía desesperado, la mujer irrumpió por la próxima esquina, y al verla sintió una alegría terrible que no cabía en la lineal estructura de su ser, pero que de todos modos lo invadía y lo llenaba, colmándolo de nueva fe en la vida y el mundo, y aún más, en los mismos hombres que ahora se burlaban o lo ofendían con su mirada. Por el simple hecho de verla se reconciliaba con ellos y perdonaba sus ofensas.

La mujer tomó la dirección de la calle, la misma acera, en tal forma que era imposible no verlo y acudir en su salvación. El tipo se detuvo a esperarla, haciéndole comprender que la necesitaba, y que él estaba sin fuerzas para salir a su encuentro.

El tipo quiso hablarle cuando ella se había aproximado lo suficiente como para extenderle la mano, pero ella, encontrándolo como un estorbo en su camino, se hizo a un lado, indiferente, vacilando primero en bajarse de la acera, y decidiendo finalmente el lado del muro.

En este acto que muchos juzgaron como un desprecio no había nada de maldad. Por el contrario, era la comprobación de una ternura impotente y sin objeto, frente a la viril y trágica determinación irrevocable y definitiva del tipo. En ultimo termino, la indiferencia de la mujer sólo podría considerarse como un reproche piadoso, pero esto también era una prueba más a favor de su gran vocación amorosa.

Sin embargo, el tipo no pudo creer que la mujer pasara a su lado sin determinarlo, sin auxiliarlo, y pensó lleno de consolación y optimismo que posiblemente la mujer no lo había visto, y que lo más probable era que no lo había visto por pasar en ese momento completamente abstraída dedicándole todos sus pensamientos. Y en ultima instancia pensó: “No me mira porque yo siempre pienso en mí mismo y no en ella, lo cual siempre me criticó como un egoísmo infame. Y si es por eso, eligió un mal momento para vengarse”.

Como esta consideración le pareció injusta y cruel, decidió llamarla con todas sus fuerzas, y su voz tuvo esta vez un timbre desolado entre el grito y la plegaria. La calle se llenó de: ¡Silvia! Pero ella siguió su camino sin inmutarse, sin volver la mirada, como si el grito no fuera dirigido a ella, o mejor, como si ella no se llamara Silvia.

El eco del nombre de la mujer fue seguido por las alegres risotadas de los transeúntes que se burlaban de la paradoja cómica de gritar careciendo físicamente de boca. Pero él insistió en su fe en ella y la llamó por segunda vez. Pero ella continuó lejana y completamente insensible al grito desesperado del tipo, lo que tampoco le causaba asombro ni motivo de risa. Su posible indiferencia radicaba en que ella había elegido ya un destino, y hacia él se dirigía con pasos sólidos, envidiables y definitivos.

Sin más fuerzas para sostenerse, sin fuerzas para retroceder en busca de la mujer, sin fuerzas para continuar, desesperado de ella y de sí mismo, el tipo se desplomó sobre el pavimento en un ruido sordo y lastimoso.

Todos los que presenciaron la escena enmudecieron, cesaron en sus risas y palidecieron de terror. La mujer que el tipo había llamado Silvia se detuvo por el golpe seco del cuerpo contra el pavimento.

La mujer se acercó y miró los despojos sangrantes de ese cuerpo que había recuperado su consistencia y solidez, los músculos arrollados por el inmenso camión. Esta vez el tipo yacía inmóvil cubierto de sangre y polvo, desgarrado su cuerpo y con la mirada nublosa y detenida. Las moscas del verano volvieron a posarse sobre sus ojos.

Cuando todos se habían aglomerado en torno del cadáver, yo aparecí por una de las esquinas adyacentes, y sentí curiosidad de lo que supuse era una desgracia. Pregunto lo que ha pasado, pero nadie contesta. Escruto alguna cara conocida pero todos los rostros parecen extraños y hostiles. Hay una inmensa infelicidad en el ambiente. Diviso entre el grupo de hombres la única mujer, se inclina sobre lo que hay tendido en el pavimento...

Aunque me cuesta dificultad creerlo, descubro allí mi cadáver destrozado en medio de una charca de sangre. Desconcertado por la sorpresa de verme en esta situación trato de justificarme, decir algo piadoso y consolador sobre mí, pero un extraño declara: “Con esa cara de loco no podía sino matarse”.

Esta declaración me parece fría y de una cruel objetividad, y de hecho niega mis posibilidades de defenderme. Me siento desfallecer por la debilidad y ausencia de armas para seguir luchando. Todos los rostros a mi lado son negativos y desapacibles, hasta sugieren rencor. Sólo la mujer parece enternecida, hay algo de dolor en su rostro. Trato de incitarla a la piedad, a que me diga una frase afectuosa, pero parece tenebrosamente turbada por la desgracia.

Aunque no la conozco ni la había visto nunca en mi vida, pienso que estará turbada por otras razones ajenas a la muerte del tipo, muerte que sólo a mí me concierne.

La gente se dispersa asqueada por los despojos triturados del muerto, y ese sol que pronto lo pudrirá. La mujer y yo quedamos junto al cadáver abandonado.

—Haga algo por él, usted que puede —dice con una voz trémula.

Esa voz me conmueve por la cantidad de amor y de dolor, como de nostalgias y de esperanzas rotas.

—Soy el único que puede hacer algo por él —digo. Y agrego: —Yo traté de ayudarlo, pero fracasé.

La mujer se aleja. En sus pasos descubro el cansancio y el peso de una desesperación superior a sus fuerzas, pero no puedo ayudarla.

Sin más esperanzas, yo recojo mi cadáver y me marcho con él.



Fuente:

Sexo y Saxofón. Intermedio Editores, Bogotá, 1999, pp: 50 - 60.

24 de marzo de 2011

Una reflexión pertinente para ustedes, las del rol para caminar descalzas…



"¿Cómo se convierte la niña en mujer, si es que lo hace?
Su deseo…es el deseo de un deseo insatisfecho."[1]

Andando, nadando, viajando, sonriendo, murmurando, sintiendo, respirando, estudiando, construyendo, reflexionando, caminando, rodando, liberando, destruyendo, asumiendo, fotografiando, pintando, dibujando, soñando, amarrando, soltando, vomitando, levantando, suspirando, transpirando, escalando, buscando, bajando, corriendo, saltando, madrugando, trasnochando, exprimiendo, viendo, saciando, investigando, apropiando, desapropiando, eligiendo, equivocando, despeinando, embelleciendo, enloqueciendo, usando, recreando, creando, creciendo, superando, cortando, filmando, alucinando, degustando, disfrutando, comiendo, alimentando, cerrando, abriendo, desapareciendo, apareciendo, desprendiendo, abandonando, luchando, actuando, pensando, volando… viviendo, muriendo también a cada instante; pero viviendo para nacer, ya no quiero parir esqueletos llenos de polvo y gusanos que van oxidando la poca carne que siempre tuve como masa muscular… viviendo; no vale sobrevivir.
¿La mujer? Se pregunta aún la niña, sin querer vérselas con el espejo a la mañana siguiente. Piensa, mientras se lava los dientes: “estoy en grado 11 y ya debo buscarme un oficio, algo para subsistir” ¿sobrevivir? Se pregunta a regañadientes y al tocar en su bolsillo; encuentra un objeto metálico de cualquier forma, menos, de superficie plana, con cara de presidente muy muerto talladita en la medida y con valor desde la puerta de su casa hasta el mundo exterior, no era una moneda.
¿La mujer? Se pregunta de nuevo la niña, sale a la calle, recorre todo el centro de su ciudad; toma tres o cuatro fotos que no se fijó como quedaron; ella estaba paralizada, mirando la histeria de la calle en la que nunca vivirá; la niña por fin camina; deja de sorprenderse y se dirige hacia la izquierda, observa una alcantarilla infestada de podredumbre, llena de ratas polvorientas; pero, hay un ser pequeño que se esconde, es un niño que se droga; la niña se sorprende de nuevo, busca un vaso de agua que le quite lo mareada; va y vuelve a ver al niño que la mira sin esperanza; la niña se recorre y no halla respuesta a la pregunta que le retumba en la mente ¿La mujer? Y la otra… ¿sobrevivir?
“Se pregunta la niña por la mujer, la sociedad le exige a la niña ser mujer”. Eso, escribió en el cuaderno de ética la niña y sigue la conversación con sus compañeras de clase; estábamos todas, lo juro muchachas, no fue un sueño; la profe tulita nos dijo que debíamos llegar vírgenes al matrimonio; Tomasita es la otra profesora que nos angustia, nos dijo que éramos las mamás de pasado mañana ¿Entonces mañana quedaríamos aquí para nosotras y pronto estaremos disponibles solo para cuidar de otros seres? Y la niña se pregunta ¿matrimonio? ¿Un hijo, dos hijos, tres abortos, un marido, rulos, un simple oficio… Sin emoción? Y desanimada grita… “¡DIABLOS, SIN MÍ!”. Olvidemos el tema muchachas, no vale la pena, aún somos niñas para comportarnos como la sociedad de los “machos” dicta. ¿Educan mujeres o hacen madres las maestras nuestras?
¿La mujer, sobrevivir, el matrimonio, la maternidad, ama de casa? Se pregunta la niña, está vez. Es de noche, peina su cabello y piensa en el descabellado chiste de la clase de sociales del día anterior; “a Anita no le gustó el chiste”; especulaba, “seguro que se sintió aludida con eso de entregarse eternamente a un amor idílico; ella piensa siempre en Pablito, dice que la hace sentir conforme, seguro sintió que la cuestionaban porque dice que se muere si Pablito se va. Anita sueña con sobrevivir; ser secretaria y dedicarse a sus hijos cuando Pablito pueda mantener la casa, ese día dejará de trabajar en la empresa que la contrate como secretaria y luego, para el resto de su vida planea ser ama de casa, lavar, planchar, fregar el piso, tomar el té con dos amigas entre las cuales nunca estaré, jugar a la canasta con sus dos amigas, cuidar los niños; envejecer, si algo extraordinario no se lo impide y morir; por lo menos de secretaria le pagaban y de pronto hasta alcanzaba eso de los jubilados. Eso que quiere Anita, eso es sobrevivir… ¡DIABLOS, Y SIN ELLA, SE VA A EXILIAR DE SU MENTE Y SU CUERPO!” Piensa la niña, sin dejar de peinar su hermosa cabellera negra y larga, así como la de las mujeres que muestran en las revistas de mujeres…”Y ¿si Pablito abandonara a Anita?” Piensa la niña, terminando de peinar su cabellera, como de mujeres de propaganda publicitaria que muestran en los comerciales para venderles algún producto de “belleza” a las mujeres.
¿La mujer? Dice la niña; ahora va por el parque de los salvajes, mira como todos son huraños y no hablan más que entre ellos; pero eso es una simple máscara para resguardarse… “esos salvajes del parque, se me hacen extraños, “posee” cada uno tres mujeres para saciar la ansiedad que suelen producir en ellos las drogas que los vuelve sonámbulos”… ¿La mujer? Dice en voz alta, muy alta de verdad; los salvajes voltean y miran sus ojos llorosos sin decir nada; la niña se marcha al colegio con cara de quien se confunde y no alcanza a pensar en su tarea de ciencias sociales…
- “Ahora sí, entiendo menos que antes… ¿la mujer?”…
La niña se sienta a las 6:00 Am en los alrededores de la “cárcel” y sabiamente con paciencia, espera a que se abran las puertas para salir corriendo hacia la piscina e ir a la casita del teatro. Se decide seriamente a pensar en su tarea de ciencias sociales, se obliga a pensar; pero es inútil, no comprende que rol podría tener una niña como ella en una sociedad como esta.
El timbre interrumpe su rumia. Ella, va a su salón de clases, luego de tres minutos de estar en el horrendo salón de clases, llega la algarabía de las chicas compañeras; en ese momento le parecía horrible tener que estar allí encerrada, no le permite pensar en su tarea y su tarea no le aprueba pensar en otra cosa que en la mujer… la mujer la pone a pensar en ella misma y ella, no sabe que pensar sobre ella; la niña, tiene cara como de quien anda buscando un sola respuesta para el millar de preguntas que surgen en su cabeza. Mientras tanto; el profesor escribe en el tablero de clase: “Mayo 15 de 2006, tema: avance “rol descalzo” evaluación: consideraciones escritas sobre el rol descal…” niiiiiiiiiik; de repente, se quiebra la tiza, se deshace en las manos del intrépido profesor que la ha puesto en el gran aprieto de pensarse y buscarse un rol que va a desempeñar en la sociedad… La niña piensa en inventarse cualquier cuento, algo así como que se decide a ejercer de enfermera, aun odiando el olor a sangre; esto, solo para salir de la tarea… La niña, piensa que le quedará imposible escribir en 15 minutos un cuento salido del realismo mágico, lleno de mariposas venidas de macondo o no importan de dónde; pero necesita un cuento, no un cuento chino… Esos, ya se los sabe todos el profesor. La niña, sale como espectro que se fuga del demonio; entra al baño, lava su rostro, y se da cuenta que no es una pesadilla; no ha reflexionado su deber escolar y eso que la niña, nunca falta con un trabajo académico.
Son esos salvajes del parque que no me han dejado pensar… dice la niña; no sé, pero también es Anita, sobrevivir, el matrimonio, la maternidad, la posibilidad de ser ama de casa. Replica a solas, mirándose en el espejo del baño de un colegio que al final de año desaparecerá para su vida… piensa silenciosamente, se dirige de nuevo a la fatal clase sin trabajo realizado. Seguro el de los chistes me va a poner cero; y yo pensando que ya casi me disparan para allá, al exterior. En esta enorme prisión, me gusta estar, me siento segura. Sigue caminando silenciosa por el largo corredor, mira cada sombra que encuentra en su camino, solo las mira, no puede ver nada de verdad… ¿la mujer, pensar en mi mujer, en yo mujer… mujer… mujer… yo ni siquiera puedo ver? Dice murmurando entre sus dientes; no como cantando una pregunta, sino como preguntando una canción recién inventada por ella y para ella, de esas que no ganan Grammy, las que apaciguan polillas…
Llega al salón espeluznante, donde no puede pensar en nada de lo que se diga allí, porque está pensando en todo lo que con su corta estadía había visto allá, en el lugar que Anita se conoció con Pablito y se embruteció, donde estaban los salvajes, las bestias; allá, donde la ley es sobrevivir y la generación presente se prostituye de mil formas; pero eso no importa a los ojos de nadie.
“Al final, esas mismas momias que tratan de semejar a lo que se conoce como mujer; lo logran, se parecen demasiado y me confunden; en algunos soplos, pienso que son mujeres de verdad; terminan siendo madres de hijos sin amor, mal tratadoras ahora no de sí mismas; de un hijo, dos hijos, cinco abortos; a los que sin importar el desamor tirado todas las mañanas en un huevo frito pero frío; les hace un festín en su bautizo, otro en su primera comunión, también agasajan juntos los cumpleaños y al final, sino ha muerto cuando su hijo sucumba, hará una gran tragedia mezclada con drama, para darle una despedida digna de un hijo amado ¿ LA MUJER?”... Indivisibles los presentes; miran a la niña; como si les recordara a una ansiosa gata buscando en su cabeza algo para inventarse ante el chistoso y sarcástico profesor de los escenarios de la sociedad entera; que el norte, el sur, el oriente, occidente; el educador imprudente, se acerca a la niña y dice: hola niña… llega niña, llega niña, llegallegallegallegallegallega… ¡NIÑA! Ella interrumpe con apuro y dice: “la niña llegó y piensa que: allí miraba y allá veía”… ¿Me entiende profesor? Con asombro y confusión, nadie prestó atención, el profesor no respondió y la niña silenció.
Rebota de su extenuante jornada académica; con precaución, diría ella; pero realmente juguetea: ¡muerta del miedo! Sigue sin desviarse del recorrido diario en la ciudad de siempre, está vez su camino está lleno de payasos; está en un gran carnaval de colores enigmáticos… ¿La mujer? Pregunta a la vez que ve una payasa que no sonríe, la sigue con la mirada, siente que su rostro la representa; la payasa tiene una lágrima que corre su maquillaje de acto. La niña la sigue, la hostiga, la observa pero la payasa huye a la multitud pintoresca y desaparece.
La niña, abre los ojos; el frenazo del bus que vale mil quinientos pesos, casi la tira hasta la registradora para avizorarle que ya está por llegar a casa; entonces la payasa no existe, ni el circo –carnaval; todo se ha ido en un sueño, ese valió mil quinientos… Ojalá las pesadillas no sean tan caras, me gustaría que las pesadillas fueran gratis para las niñas. Dice con voz débil, mientras se baja del aparato gigante que se derrite en sus ojos y el conductor acelerado, le ruega que no demore en bajar; “como si fuera incuestionable lo que miro, como si el bus en realidad fuera a derretirse como yo”. Piensa la niña, con su pie izquierdo aferrado al piso…
Los salvajes son los culpables de todo… ¿cómo pueden tener tantas musas, los duendes nocturnos que nada saben de mujeres, sólo son musas esas momias que se plantan la noche entera con ellos? No; es culpa de la idea absurda del profesor terco que quiere avisarme que mi vida en unos meses cambiaría radicalmente, sería bueno evadir el tema; de nuevo piensa en el cuento que va a inventar… Pero se detiene por fin y con una seguridad absoluta frente a su espejo; mira su hermosa cabellera y luego se fija en su rostro, es igual al rostro de la payasa que bailaba triste en el carnaval…
¡Qué sueño tan caro! Voltea a la derecha, se dirige a su ventana; es precisamente el atardecer, o después del atardecer. Toma dos fotografías a través del vidrio, no se fija nunca como quedan sus fotografías, tampoco sabe para qué van a servirle, simplemente las toma… Se dirige a su escritorio y pesca una pequeña agenda; luego recoge del piso un marcador, decide dejar de nuevo la libreta sobre el escritorio y se dirige a la ventana para escribir lo que se sobrevenga en la pared del lado… Corre la cortina y comienza a escribir:
-“El atardecer… y la ciudad de los colores; la tarde, una payasa, colores, colores, colores… Muchas texturas también; sombras a la hora del atardecer; el sol ya no está, hace algunos minutos permanecía ahogándome de luz; el ensombrecer, la ciudad lo debe hacer sentir muy orgulloso; es el único con el poder de hacerlo; pero, es como si alguien bajara el telón, no hay nadie; el sol, el circo de mil colores y la niña observando desde su ventana… Sería triste, ser una marioneta, querer dejarse manejar y que el telón se baje y no haya luz… La payasa, por eso seguro estuvo triste ésta tarde, no había luz en mi sueño. El sol se fue después de ahogarme de fosforescencia; y yo quedé aquí impregnándome de noche, con esta cabellera y este rostro de niña de atardeceres y sueños tardíos como sus pensamientos; esos sueños caros y sin raíces fuertes para sostenerse en el mundo concreto… Las ideas, ya no llegan; preguntas sin respuestas me acosan.
Debo ser mujer y ahora solo me alcanza el presupuesto para una quimera carísima; en el bus, a pesar de pagar de contado no me alcanzó para ponerle luz a mi sueño, consumiendo soñadas… Si se enterara mi madre me diría: ‘esos gustos tan caros solo son para los que piensan que la vida es fácil, un sueño por mil quinientos…. Jummm…. Para mañana ni lo piense, no alcanza el presupuesto para esos placeres’… Y yo que nunca he pensado que la vida es fácil, ojalá lo rumiara a veces; seguro así me pondría en el escritorio a hacer la tarea para el chistoso de humor refinado…”
¿La tarea? Es para mañana, aún no he inventado un cuento para el de los chistes…dice la niña; dejando su marcador y con preocupación, intenta escribir en su libreta… “El rol, el rol…” No pasa de dos sílabas, es increíble… Piensa… Soy una analfabeta, cualquiera podría inventarse un cuento y presentar la tarea para ciencias sociales, es un deber del colegio debería ser algo sencillo para mí que soy número uno en hacer las tareas más complicadas de física y química… Eso de las formulas es muy fácil, ojalá la vida fuera un caso de factorización, me gustaría usar trigonometría para decirle al de las ciencias sociales que todo está fríamente calculado en mi vida, que nadie podría desequilibrar un triángulo equilátero como yo, también le podría calcular la pendiente de mis sentimientos, explicarle mis sueños a partir de una ecuación, mostrarle las estadísticas perfectamente controladas por mi cerebro para que todo salga como la probabilidad lo diga, si la vida me pareciera cálculo, sería muy fácil de explicar mi rol…
¿Yo mujer? ¿La mujer? ¿Mi mujer?... mujer… mujer… mujer… dice la niña de la cabellera resplandeciente; está hablando dormida… “Mi rol como mujer en la sociedad: querido profesor, no quise inventar un cuento para decirle que quería ser una mujer que no quiero ser; enfermera, secretaria, ama de casa, ingeniera, médica, veterinaria, prostituta, madre, esposa, hermana, amiga; en éste momento presente no entiendo el rol de las mujeres que veo en la calle; esto no es un trabajo académico, usted puede ponerme 0; pero yo no puedo mentirle, prefiero tener 0, es una carta para usted; tal vez, pueda hablar conmigo para que me explique lo que es una mujer; yo realmente no entiendo, he tratado de pensar una y mil veces en la tarea donde debo expresar qué rol me gustaría desempeñar como mujer en la sociedad de hoy; se lo aseguro, hasta escribí en un muro, pero tampoco funcionó, no pude hallar una, en ninguna parte; ni siquiera pagando mil quinientos por un sueño pude topar con una sola Mujer real.
A mí, me parece que se están haciendo las de la vista gorda ante sí mismas, profesor me preocupa pensar que la mujer aún no existe; yo vi momias, sombras, fantasmas; casi todas tienen el mismo oficio que mi madre, les debe parecer divertidísimo el plan de seguir jugando a las muñecas, a mí ya me aburrió eso de andar inmovilizándome en otros; hay otras mujeres que se mantienen con los salvajes de ese parque que queda a dos cuadras del colegio ¿Lo ha visto usted también? Yo no pude entender porque ellas son tan zombis como los salvajes. Anita por su parte parece atontada por Pablito; la niña del cuarto piso de mi edificio le cuento que, decidió irse de monja, hay una reina de belleza en mi barrio; una dama con cara de pudor y de “buen físico”, trabaja en uno de esos chat eróticos que hay en la internet, lo sé porque se lo comentó a don Beto el señor de la tienda, lo escuché un día que compraba algo de chocolate, disponiéndome a obligarme escribir ese cuento que me formulaba a inventar para engañarlo y sobre todo para falsearme unas alas.
Además le acuso a las profesoras Tulita y Tomasita porque por culpa de ellas estoy aterrorizada. Me dijeron que una mujer debía ser mamá y que eso tenía que ser para pasado mañana; también, aseguran que por mandato divino debería la mujer reprimir su deseo sexual hasta casarse, pero a mí no me gusta esa idea del matrimonio. Determinan a la mujer a asumir el rol de madre, mientras sé que hay compañeras en el salón que abortan porque nunca nos hablaron en el colegio de sexo, de planificar, menos de autoestima; tampoco nos enseñaron a soñar gratis, la gratuidad solo está permitida para las pesadillas. Mi madre me dice que soñar sale caro y que eso es para gente que quiere vivir fácil, la abuela tampoco contó ninguna historia valiente que me hiciera sentir orgullosa de mi condición de mujer.
Yo creo que la payasa, no disfrutaba del carnaval gigantesco en el que andaba sumergida; también vi profesor, como el atardecer caía sobre ésta enorme carpa de circo de mil colores. Yo quería realismo mágico para el cuento que me iba a inventar diciendo que me gusta ver sangre, enterrar agujas a los pacientes que serían mis víctimas y que esperaría siempre con la misma pasión a la próxima víctima, me iba a pintar de enfermera, pero no armoniza, eso tampoco es realismo mágico; no pude, aunque ya sabe que tengo grandes capacidades literarias y podría sostener la mentira hasta el fin de año; así, acorralada por el gran circo, seguro si pensaría en serio lo de asumir un rol en la sociedad, no pasó justamente de esa manera porque no pude mentirme a mí misma con mariposas de Macondo, ni con libélulas de Mompox. Créame profesor que yo lo intenté, mil veces quise escribir. No me siento una mujer, si una mujer es lo que veo todos los días en las calles de este circo, no quiero embrutecerme, someterme, maltratar mi cuerpo, no tener el carácter suficiente para decir la verdad, me niego A NO SER yo misma la que camine las avenidas encontradas… Profesor, si pregunta por mi profesión universitaria, yo podría decirle que mi deseo es creador, podría desempeñarme en el campo opuesto al de la beligerancia y la destrucción; prometo desde el silencio hacerle la guerra a la guerra; las imágenes, las historias bien contadas, las figuras literarias en mis noches de rayuela, el mundo feliz, las flores del mal, Así habló Zaratustra, obra negra y todos mis acompañantes silenciosos. En fin, puedo hacer tantas cosas con un cupo en la universidad; como también, podría no hacer nada con un cupo en la universidad… El deseo, en eso pienso profesor y yo deseo vivir como mujer, no como momia, puta, bruta, madre simplemente madre, esposa simplemente musa triste y vacía… A mí me gustan las mujeres querendonas con ellas mismas; a mí me gustan las mujeres que conjugan los verbos y se divierten por ello, siempre terminan pensando y haciendo, mirando y viendo ¿Me entiende profesor?
Puede ponerme cinco veces cero en su planilla, por esta carta que le envío desde mis sueños eso ya no me importa; porque no pude comprender el papel de las damas, las hembras, las putas, las mártires madres desfiguradas por sus hijos y por su verdugo, las momias, los fantasmas… ¿LA MUJER? Ese rol, ese rol… el rol, el rol… ¡Riiiiiiiiiiiiiiiiing! Sonó mi reloj profesor y no pude responder la pregunta, pero seguiré pensando; en 30 años tal vez tenga mi respuesta, necesito tiempo para conjugar los verbos; mientras tenga escenario y mi telón no se baje para dejarme en la oscuridad, seguirá el personaje sobre las tablas del escenario que él elija; nada puede ser definitivo y tajante para una persona como yo, seguramente voy a actuar en muchos lugares diferentes…
La idea es… conjugar verbos; pero sabe, antes de que vuelva a castañetear mi reloj despertador; voy a contarle algo más; sólo con la esperanza de que usted escuche mi sueño y me apueste un cero menos en su planilla de profesor”… Ésta vez, medio dormida; la niña, continúa hablando, al borde de la realidad, como si estuviera segura de poder revolverla, desbaratarla, derrumbarla, encapuchar los bártulos del mundo. Sin pensar en Anita, ni en las profesoras que acongojan mujeres. La niña habló por diez minutos más; ésta vez, no apaleaba a la voz tenue del monologo soñado y dijo valientemente… “Me gusta estar sobre el camino, las montañas, las flores, el agua; los árboles son mi debilidad, moras del campo de mi infancia, yo misma sobre la madre que resiste resistiendo a cada instante la lluvia… ¿LA MUJER? Profesor ¿Recuerda que le conté de mi infancia en un pueblecito? Allá vi volar una mariposa que no era de macondo; García Márquez no podría llegar a describirla, era morada, azul, roja, verde, naranja, con rayas verdes en sus alas. Las mujeres son así profesor, de mil colores como esa mariposa. Y ni Márquez, ni Borges, ni Benedetti, ni Schopenhauer, ni Bukowski, tampoco Nietzsche, ni siquiera Cortázar o Allan Poe; ningún hombre, ninguno profesor nos ha dicho nada que se parezca a la mariposa de mil colores que volaba en la tarde pueblerina de sábado festivo…
La mariposa; va viviendo, volando, viendo y mirando. Su vuelo, es su vida; corta o larga, esa es su vida; un vuelo fugaz pero eterno; pues nunca esa misma mariposa volverá a nacer con los mismos colores, ésa que volaba aquel sábado en la tarde y se posaba en mis ropajes cínicos; nunca más se posará en ningún atardecer de sábado pueblerino, terminará su vuelo donde liquide sus alas; un solo día le basta a la mariposa, para ser ella misma en su belleza, conjuga verbos desde que es oruga y con paciencia espera su vuelo de un día para hacerse eterna en el recuerdo de una mujer… Profesor, el olvido no exilia la memoria de una mujer, cuando una mariposa de vuelo fugaz se le posa en los remiendos, la mujer no olvida los colores de la mariposa que le enseñó lo que es una mujer.
Escojo entonces, en este sueño no hablar de las mujeres que vi en el circo pobre y ambicioso que somos; allá afuera donde yo veo, no he contemplado ni una mariposa del mil colores, sólo me vendieron un sueño incomprensible por mil quinientos pesos; vi putas, ladronas, hembras, damas, viejas, brujas, fantasmas, a Anita, a Tulia, a Tomasita, a Susanita también la vi un día, vi ancianas beatas revoltosas del caldo de la memoria para martirizar en la mañana, vi de todo profesor, hasta un niño sin esperanza”… ¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinggg! Suena el reloj; la niña se levanta acosada por el tiempo que hoy no es de ella, hoy no puede volar… ¡A los deberes polilla! Va camino a sus tablas, el teatro la espera para que sostenga su personaje hasta el final. Deambula en el bus con sus compañeros de acto, pero ninguno se percata que ella es igual a todos, también tiene máscara… La niña, anda alarmada y no puede pensar en otra cosa que en los sueños gratuitos de la noche; era increíble, por fin algo que no era una pesadilla estaba gratis en el mercado de las utopías; ésta vez no solo había luz en su sueños sino también; colores, mariposas de colores, respuestas, más preguntas que respuestas pero por lo menos ya había visto a una mujer de verdad, aunque no se parecía a lo que llamaba mujer en el circo.
El salón de clase; aterrorizante, pero ya no como antes… Todas mostraban sus tareas, las comentaban y se sentían orgullosas de querer ser médicas, enfermeras, secretarias exitosas, acompañantes de extranjeros por sus viajes de amor en el sur, otras se hicieron madres sin abuchear a las locas de Tulita y Tomasita, todas fueron mujeres del circo en sus vanidosos escritos, todas hablaron de dinero, de carros, de casa, de hijos y sobre todo, de esposos; todas, excepto la niña… Ella, callada en su rincón; pensaba en la mariposa del espejismo gratuito, la mariposa y la plenitud de su vuelo, la belleza de sus colores, la humildad para descansarse en sus andrajos y el olor de la tarde de su revoloteo… Todas son llamadas a lista por el profesor quien pone 3 ó 2.5 en su planilla, exterminando el entusiasmo de la camada de “mujeres”… Todas, menos la niña… Ella se para y alza la voz; desgarrando su silencio y cortando el fandango de histeria de las futuras profesionales; habla con voz de mariposa valiente, como quien sale de la caverna entusiasmado por el sol. Se dirige a ellas y su audiencia; ahora se queda muda, absorta y paralizada, escucha con curiosidad todo el pelotón: “yo tengo cuatro ceros en su planilla profesor, no me importa; pero ya sabe que no pude comprender su pedido de deber escolar; definitivamente, pienso que me falta conjugar más verbos para comprender de qué se trata ser mujer, la verdad sólo vi una en un sueño con luz… ¡Ah! Y le cuento que fue gratuito, ¡no le parece increíble, hace rato que no había oferta especial! Esa mujer, parecía mariposa, no venía del río magdalena profesor, le aseguro que era de mil colores y volaba como si se fuera a acabar su tiempo, parecía ebria de felicidad, estaba plena, realmente era bella, volaba sola y sus colores hicieron que yo comprendiera lo que es una mujer… Además; me enseñó profesor que”…Se calla un momento y saca un libro de su morral; la audiencia mira con pavor el libro, como si no quisieran jamás tocar uno así de rechoncho como ese. La niña continúa la presentación de su tarea improvisada y sin advertir el desengaño de la aglomeración; comienza a hablar más fuerte que antes, diciendo: mire lo que me dijo ella profesor… “El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en narrativa. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: “No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin del viaje es simplemente el comienzo de otro”[2]… Y eso que su vuelo solo duró un día… El profesor sonreía, como de encanto, tenía el rostro en una sola palabra; las futuras “mujeres” competitivas de su campo profesional, estaban aún, en un silencio absorbente… El profesor, por fin terminó su sonrisa para hablarle a la niña y transformó su rostro en un instante para decir: “Una mujer, no necesita escribir un cuento con estilo prestado, el realismo mágico no te queda, estás lejos de macondo y nunca las mariposas de ensueño vuelan hasta tu pueblo; además, esas son inventadas, no creas en los cuentos falsos. Realmente entiendo que no hayas visto mujeres en las calles, tal vez como tú dices, todavía no existe la mujer; claro que debe haber más de una mariposa de vuelo pleno y colores bellos, debes ir de nuevo a tus campos, volver a pisar tu infancia; no olvides la humildad de la mariposa que se posó en tus remiendos, sabía que tu madre los había hecho con cariño; las mujeres también pueden ser madres, lo grave es que la sociedad se los imponga con la angustia; no escuches entonces a Tomasita y a Tulita, escucha tus alas y cuando se aviven para volar, disfruta tu viaje y descansa donde quieras; sigue buscando ofertas especiales en los idílicos sueños de SER… ¿LA MUJER? Mujer a tu modo simplemente, libre al compás de tu vuelo de mariposa… leí la carta que escribiste para disculparte por no haber hecho tu tarea, estuve en tu sueño gratuito; sé, que fue lleno de luz y colores; escuché, tus demostraciones matutinas para explicarme que no fue posible mentir…El final, los diez minutos siguientes a la epístola soñada para justificación… Ese, es tu rol descalzo… Mujer”
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[1] Jaqueline Rose. "DORA’-fragment of an analysis”. 1987 pág 18.
[2] JOSÉ SARAMAGO, viaje a Portugal. Alfaguara, 1981.

20 de marzo de 2011

Keny Arkana - 5ème soleil (spanish sub)

KENNY ARKANA LA MUJER QUE NOS HABLA A LOS HIJOS DEL QUINTO SOL...
ÚLTIMA GENERACIÓN... LO PUEDES TODO!